Dark Mode Off / On

En pasados días que estuve indispuesta y me prometí varias cosas para cuando sanara y estuviera al 100% recuperada de nuevo.   Hoy me pregunto si de verdad tomé compromisos serios o solo fue por el malestar que sentía.   El poder de la palabra es para mí algo tan serio y fundamental en la vida que solo por eso deseo profundamente cumplir con lo que me comprometí.

Es fácil hacer promesas con un sentido de urgencia cuando nos sentimos rebasados por la salud, emociones o algo que no controlamos.  Cuando llega el momento de cumplir la palabra empeñada a veces cuesta trabajo.  ¿Te ha pasado alguna vez o solo me pasa a mí?

Nuestra palabra es un tesoro, algo tan valioso y a menudo somos los primeros en olvidarlo.  Me cuestiono que, si nosotros no hacemos valer lo que decimos, ¿entonces quien lo hará?  ¿Cómo podríamos sentirnos respetados si no podemos respetarnos primero?

La palabra dada es, o debería de ser como un contrato que sustenta un compromiso serio y sería suficiente con expresarla.   Si digo que voy a hacer algo, ¿lo hago?  Creo que muchos han olvidado la fuerza implícita que implica hablar.   Regresando a los compromisos adquiridos conmigo misma, hoy me siento comprometida a realizar lo que me prometí cuando estuve indispuesta.  Deseo no ser flexible para en verdad aprovechar los beneficios que finalmente me traerá cumplir. Conciencia de hacer ejercicio, cuidar la alimentación, escribir, realizar más talleres, etc. entre otras propuestas.   Los tan socorridos propósitos de año nuevo para empezar el mes y observar cuanto tiempo dura la motivación.  La voluntad, la disciplina y la firme determinación son elementos fundamentales que se requieren para lograr una meta, o lo que sea. ¿Qué tal eres a la hora de lograr lo que te propones?  ¿Es fácil para ti cumplir?  ¿Tu palabra vale? O ¿Te vale?

LEER COLUMNA COMPLETA AQUÍ…