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¿Has escuchado la frase que dice: “Uno propone y Dios dispone”? ¿Cómo es para ti cuando las cosas salen de tu control? ¿Te enojas o buscas el aprendizaje?

La vida me paró en seco justo iniciando el año con todos los planes que he venido organizando y te compartí en los textos anteriores. En toda planeación hay que hacer espacio para las sorpresas que pueden ocurrir en el camino. Escuchar lo que la vida viene a decirnos en cada situación porque dicen que, si no comprendemos el mensaje, pronto repetiremos la experiencia, pero con volumen más fuerte para ver si ya escuchamos y entendemos.

Tras un fuerte resfriado de fin de año, se confirmó positiva mi prueba de antígenos para COVID-19 y a cumplir el reposo y los cuidados protocolarios, pero sobre todo a escuchar lo que mi cuerpo pide a gritos: Hacer un ALTO en el camino.

Varios días han pasado ya con molestias y voy decodificando las claves que necesito atender. Un poco de paz, estar en silencio, atenderme, cuidarme y dejar de ver hacia fuera un rato. Cerrar un año lleno de proyectos, procesos, eventos, trabajo, certificaciones y otras actividades que me ofreció el 2021 y hoy me dicen: Alto.

Yo he sido de las personas que acepté el confinamiento a mi favor. Descubrirme laborando en casa por zoom, así como muchos tuvimos que aprender, me permitió viajar por el mundo digital a sitios que jamás hubiera imaginado. La experiencia ha sido fascinante y mirar como las fronteras ya no existen. Algunos días tuve consulta por la mañana con España, a medio día con Estados Unidos y por la noche con Puebla. Hubo viajes sin avión ni transporte, sin pasaporte ni hacer maleta. Días en Colombia y otros en Argentina en entrevistas pasando por tantos lugares hermosos conociendo gente de culturas tan distintas donde el común denominador que todos queremos es la armonía, la paz, la salud, el diálogo, la amistad y donde lo que nos duele es lo mismo: la injusticia, la mentira, la escasez entre otras cosas.

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