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El tiempo es uno de los recursos más valiosos que tenemos y no es renovable.    Un grandísimo tesoro al que no se le pone mucha atención porque a todos se nos ha repartido de igual manera. 

Hoy te pregunto ¿Se te va el día y no alcanzas a hacer lo que verdaderamente desearías?  ¿Sientes frustración por no dedicarte a lo que realmente es importante para ti?  ¿Sabes que te rebasan las obligaciones y compromisos y no está en tus manos cambiarlo?

Retomar la vida como quien va a invertir en una hipoteca y analiza las distintas posibilidades que ofrece el mercado, buscando la mejor opción para mi presupuesto.  Revisar cada inciso de un contrato antes de firmarlo y comprometerme por años en una cuota fija que voy a pagar para disfrutar de un bien.

1.      Analizar en qué empleo mi presupuesto de valiosas horas cada día.   Ese tiempo precioso que no vuelve más y se está gastando en actividades que en ocasiones no me gustan, no tienen sentido, ni aportan a mi desarrollo emocional, espiritual y de conciencia.  Ese tiempo que solo representa quedar bien en un trabajo por la mera cuestión económica tan necesaria para cubrir mis gastos y los de mi familia.  Es cierto, tal vez tengo un contrato laboral que cubre mis necesidades y por miedo a no encontrar algo mejor, me estanco ahí desgastando toda mi energía que podría ocupar en lo que sí le da un sentido profundo a mi vida.

2.       Analizar cuáles vínculos en verdad son significativos para mí y soltar con gratitud esas relaciones que no me dejan ser yo mismo y compartirme en mi mejor versión.  ¿Te has preguntado si todos los vínculos que tienes son nutritivos para ti y de la misma manera te permiten aportar a ellos?   Seguido escucho personas que no están a gusto en relaciones y siguen ahí por la costumbre o por miedo a una soledad temporal que asusta, que no se permiten alejarse de ciertas personas que las menosprecian, ningunean o no las valoran. ¿Sabes cuánto tiempo y energía te roba eso?  Porque no solo es el tiempo que pasas físicamente sino la cantidad de horas que pasas rumiando la idea de qué haces ahí sin salir y lo feliz que podrías ser de otra manera.

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