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Se dice que “Si puedes soñarlo, lo puedes lograr”. Esta frase la he escuchado muchas veces y algún día me la creí. Si, me atreví a confiar en un sueño grande, anhelado: Escribir un libro.

Nacida en una era de altos condicionamientos socioculturales que impactaron en mi formación, he ido aprendiendo que se pueden quitar como las capas de una cebolla que se van retirando, hasta huele feo también, pero el aroma de conquistar sueños se asemeja a un perfume fino y vale la pena. El sabor del triunfo es delicioso como el chocolate negro que me fascina, y también se acaba.

Todo momento es sólo eso, instantes que se acaban pero que implican una experiencia. Vivir algo que nos hace crecer, nos reta, nos confronta y llega, así como llega la primavera, y también pasa.

Triunfar es conquistarnos a nosotros mismos y darle batalla al miedo, a la pereza, al que dirán, a la comparación, a cambiar la estrategia para llegar a la meta. Implica atravesar desiertos y noches oscuras, pero con un sentido profundo. Triunfar es decirle a la vida que apuesto por una misión, es comprometerme con un proyecto y resolver todo lo que esté a mi alcance que parece que me detiene y me aparta de él.

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